" Un hombre que es asesinado por unos bandidos de noche, en un bosque, o algo por el estilo, tiene hasta el último momento la esperanza de salvarse. Ha habido casos en que un hombre a quien le han cortado el cuello tiene esperanza todavía, o sale corriendo, o pide que se apiaden de él. Pero en este otro caso, por el contrario, esa última esperanza, que permite que la muerte sea diez veces menos penosa, es eliminada con toda certeza: la sentencia está ahí, y la horrible tortura está en que sabes con certeza que no te escaparás, y no hay en este mundo tortura más grande que ésa. Lleve a un soldado a una batalla, póngale delante de un cañón y dispare, y él seguirá teniendo esperanza; pero si a ese mismo soldado se le lee una sentencia de muerte cierta, se volverá loco o romperá a llorar. ¿Quién dice que la naturaleza humana puede soportar esto sin perder la razón? ¿A qué viene tamaña afrenta, cruel, obscena, innecesaria e inútil?
(...)
El hombre del que hablo fue conducido un día al cadalso con otros condenados, y le leyeron la sentencia que le condenaba a ser fusilado por crimen político. Veinte minutos más tarde se le notificó el indulto y la conmutación de su pena. Los tres primeros fueron conducidos y atados a los postes; sabía de antemano en lo que pensaría: toda su ansia era imaginarse, con la mayor rapidez y claridad posibles, como sería aquello: en aquel instante vivía y existía; en tres minutos qué cosa sucedería alguien o algo distinto. Pero confesaba que nada le fue más penoso que este pensamiento: -Si no muriese. Si me devolviesen la vida. ¡Qué eternidad se abriría ante mí! Transformaría cada minuto en un siglo de vida; no despreciaría ni un solo instante y llevaría cuenta de todos los minutos para no malgastarlos.- "
Lo que percibes depende de tu punto de vista. Cambiar tu punto de vista amplía tu precepción Paul Bohannan
viernes, 18 de febrero de 2011
Bayer, Osvaldo (Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia)
Galerna, 1970.

"No es un delito sacrificar una fruslería de prejuicio y convencionalismo anarquista por un amor inmenso, más cuando en el amor más grande e infinito está basada la anarquía misma."
"Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir la vida, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa informe de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita de la rebelión del brazo y de la mente."
"Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir la vida, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa informe de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita de la rebelión del brazo y de la mente."
lunes, 27 de diciembre de 2010
sábado, 25 de diciembre de 2010
La mala conciencia y sus orígenes
Aquellos terribles bastiones con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de la libertad - las penas sobre todo cuentan entre tales bastiones- hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás, se volviesen contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresión, en el cambio, en la destrucción - todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la «mala conciencia». El hombre que, falto de enemigos y resistencias exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, se desgarraba, se perseguía, se mordía, se roía, se sobresaltaba, se maltrataba impacientemente a sí mismo, este animal al que se quiere «domesticar» y que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa -este loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la «mala conciencia». Pero con ella se había introducido la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy, el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo: resultado de una separación violenta de su pasado de animal, resultado de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad. (…)
Friedrich Nietzsche:
LA GENEALOGÍA DE LA MORAL
Un escrito polémico
TRATADO SEGUNDO
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Los hermanos Karamazov - El gran inquisidor
Iván- (...)¿sabes Aliosha?, no te rías, pero compuse un poema, hará cosa de un año. Si puedes perder aún unos diez minutos más en mi compañía, te lo contaré, ¿quieres?
Aliosha-¿tu has escrito un poema?
Iván-Oh, no, no lo he escrito - se rió Iván-; en mi vida he compuesto ni dos versos. Pero ese poema lo concebí y lo recuerdo. Lo concebí con entusiasmo. Tú serás mi primer lector, es decir, oyente. En efecto, para qué ha de perder el autor aunque sea a un sólo oyente - se rió Iván- ¿Te lo cuento o no?
Aliosha-te escucharé con mucha atención
Iván-Mi poema se titula "El Gran Inquisidor", es una cosa absurda, pero quisiera contártela.
(...)Han transcurrido ya quince siglos desde que prometió volver a su reino, desde que su profeta escribió: "Volveré pronto." "Empero nadie sabe nada de día y de la hora, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, si no el Padre", tal como dijo Él estando aún en la tierra. Pero la humanidad le espera con la misma fe, pues desde hace quince siglos se han interrumpido las promesas del cielo al hombre:
"Cree lo que el corazón te diga,
no hay promesas de los cielos"
¡Y no queda más que la fe en lo dicho por el corazón! Cierto, había entonces muchos milagros. Había santos que efectuaban curas prodigiosas; a algunos justos varones, según sus biografías, se les aparecía la propia Reina de los Cielos. Pero el diablo no duerme y en la humanidad germinó la duda sobre la autenticidad de tales milagros. Una nueva y terrible herejía apareció entonces en el Norte, en Alemania. Una estrella grande, "ardiente como una antorcha" (es decir, la Iglesia) "cayó sobre las fuentes de las aguas..., que se volvieron amargas". Tales herejías empezaron a negar, blasfematoriamente, los milagros. Pero tanto más ardiente se hace la fe de quienes siguen creyendo. Las lágrimas de la humanidad continúan elevándose hacia Él como antes, le esperan, le aman, confían en tantos siglos, la humanidad rezaba con fe y pasión: "Señor, dígnate a venir a nos"; cuántos siglos le invocó para que Él, con su compasión infinita, quisiera descender al lado de los suplicantes. Ya antes había descendido, había visitado a algunos justos, mártires y santos anacoretas en la tierra, según está escritos en sus "vidas". Entre nosotros, Tiútchev, que creía profundamente en la veracidad de sus palabras, ha proclamando que
Abrumado por el peso de la cruz,
como un simple esclavo, el Rey de los Cielos
de punta a punta, tierra mía
te ha recorrido y te ha bendecido
Lo cual es exacto, te lo digo yo. He aqui, pues, que Él quiso mostrarse aunque sólo fuera por un momento al pueblo, a ese pueblo atormentado, sufrido, hediondamente pecaminoso, pero que le ama de todo corazón, como un niño. La acción pasa en España, en Sevilla en los tiempos más pavorosos de la Inquisición, cuando a la mayor gloria de Dios las hogueras ardían diariamente en el país y
En magníficos autos de fe
quemaban a los perversos heréticos.
Desde luego, ése no era su descenso a la tierra, tal como aprarecerá, según promesa suya, al fin de los tiempos, en toda su gloria celestial, repentinamente "como un rayo que birlle del Oriente al Occidente"(...)
Extraído del los hermanos Karamazov, segunda parte libro V; El gran Inquisidor, de Iván a su hermano Aliosha
Aliosha-¿tu has escrito un poema?
Iván-Oh, no, no lo he escrito - se rió Iván-; en mi vida he compuesto ni dos versos. Pero ese poema lo concebí y lo recuerdo. Lo concebí con entusiasmo. Tú serás mi primer lector, es decir, oyente. En efecto, para qué ha de perder el autor aunque sea a un sólo oyente - se rió Iván- ¿Te lo cuento o no?
Aliosha-te escucharé con mucha atención
Iván-Mi poema se titula "El Gran Inquisidor", es una cosa absurda, pero quisiera contártela.
(...)Han transcurrido ya quince siglos desde que prometió volver a su reino, desde que su profeta escribió: "Volveré pronto." "Empero nadie sabe nada de día y de la hora, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, si no el Padre", tal como dijo Él estando aún en la tierra. Pero la humanidad le espera con la misma fe, pues desde hace quince siglos se han interrumpido las promesas del cielo al hombre:
"Cree lo que el corazón te diga,
no hay promesas de los cielos"
¡Y no queda más que la fe en lo dicho por el corazón! Cierto, había entonces muchos milagros. Había santos que efectuaban curas prodigiosas; a algunos justos varones, según sus biografías, se les aparecía la propia Reina de los Cielos. Pero el diablo no duerme y en la humanidad germinó la duda sobre la autenticidad de tales milagros. Una nueva y terrible herejía apareció entonces en el Norte, en Alemania. Una estrella grande, "ardiente como una antorcha" (es decir, la Iglesia) "cayó sobre las fuentes de las aguas..., que se volvieron amargas". Tales herejías empezaron a negar, blasfematoriamente, los milagros. Pero tanto más ardiente se hace la fe de quienes siguen creyendo. Las lágrimas de la humanidad continúan elevándose hacia Él como antes, le esperan, le aman, confían en tantos siglos, la humanidad rezaba con fe y pasión: "Señor, dígnate a venir a nos"; cuántos siglos le invocó para que Él, con su compasión infinita, quisiera descender al lado de los suplicantes. Ya antes había descendido, había visitado a algunos justos, mártires y santos anacoretas en la tierra, según está escritos en sus "vidas". Entre nosotros, Tiútchev, que creía profundamente en la veracidad de sus palabras, ha proclamando que
Abrumado por el peso de la cruz,
como un simple esclavo, el Rey de los Cielos
de punta a punta, tierra mía
te ha recorrido y te ha bendecido
Lo cual es exacto, te lo digo yo. He aqui, pues, que Él quiso mostrarse aunque sólo fuera por un momento al pueblo, a ese pueblo atormentado, sufrido, hediondamente pecaminoso, pero que le ama de todo corazón, como un niño. La acción pasa en España, en Sevilla en los tiempos más pavorosos de la Inquisición, cuando a la mayor gloria de Dios las hogueras ardían diariamente en el país y
En magníficos autos de fe
quemaban a los perversos heréticos.
Desde luego, ése no era su descenso a la tierra, tal como aprarecerá, según promesa suya, al fin de los tiempos, en toda su gloria celestial, repentinamente "como un rayo que birlle del Oriente al Occidente"(...)
Extraído del los hermanos Karamazov, segunda parte libro V; El gran Inquisidor, de Iván a su hermano Aliosha
El hombre en busca de sentido
...Vivir es sufrir; sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Si la vida tiene algún objeto, éste no puede ser otro que el de sufrir y morir. Pero nadie puede decirle a nadie en qué consiste este objeto: cada uno debe hallarlo por sí mismo y aceptar la responsabilidad que su respuesta le dicta. Si triunfa en el empeño, seguirá desarrollándose a pesar de todas las indignidades.
Gordon Willard Allport, prefacio al libro de Victor E. Frankl
Gordon Willard Allport, prefacio al libro de Victor E. Frankl
Indiferencia
Indiferencia... la indiferencia se define como una actitud ante algo que se valora como neutro, ni positivo ni negativo, ni bueno ni malo. Para mi la indiferencia es... un lujo afectivo... porque el indiferente no sufre con el sufrimiento de los demás... así como no sufre tampoco ríe, se sorprende, grita, llora... No obstante la indiferencia es casi una condición generalizada... En un mundo en el que todos se enamoran cada vez más de su sí mismo...
"Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar de lengua pura del amor y de la fe."
ALEJANDRO DUMAS - LA DAMA DE LAS CAMELIAS
"Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar de lengua pura del amor y de la fe."
ALEJANDRO DUMAS - LA DAMA DE LAS CAMELIAS
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